Con los mitos del amor romántico le hemos dado al verbo “discutir” una connotación muy negativa donde se idealiza el vínculo de pareja y se concibe el amor como la ausencia de cualquier conflicto.
No obstante, en terapia de pareja las discusiones son uno de los motivos de demanda más habituales porque la realidad es que las discusiones son necesarias pero no siempre sabemos manejarlas saludablemente.
Discutir con la pareja no significa que la relación no esté funcionando bien.
La disparidad de opiniones, la incompatibilidad en los proyectos de vida, la gestión de las familias de origen, los problemas de convivencia y la gestión del tiempo personal, son algunos ejemplos a los que las parejas se enfrentan en su día a día y que pueden generar conflictos relacionales.
Las relaciones de pareja tienen un ciclo de vida, y en muchas fases de su ciclo, se pueden encontrar dificultades de comunicación y de desencuentro, que hacen más visibles las diferencias que ya existían en etapas previas del enamoramiento o noviazgo. En estos períodos, es posible que las discusiones puedan hacerse más presentes y sean más difíciles de gestionar porque ya no estamos “cegados por cupido” y vemos a nuestra pareja de carne y huesos con sus defectos.
La discusión de pareja es necesaria para nuestro bienestar emocional.
El primer paso sería aceptar que las discusiones de pareja son una “parcelita” más de la relación, que también hay que atender para poder cuidar del vínculo amoroso que hemos creado con el paso del tiempo.
Aquí lo más importante, no es discutir en sí, sino cómo discutimos y si nos hacemos daño emocional o acumulamos sentimientos de rencor que van generando distancia y malestar relacional.
En cualquier relación de nuestra vida, tendremos desacuerdos, puntos de vista diferentes y malentendidos porque los conflictos son inherentes a las relaciones humanas. Poder expresar el malestar que sentimos de forma respetuosa y que nuestra pareja valide emocionalmente ese malestar, es básico para el bienestar personal y de la relación.
La ausencia de discusión no es siempre ausencia de malestar dentro de la relación.
La falta de discusión puede ser un síntoma de que la pareja no se está comunicando lo suficiente, o el grado de intimidad emocional alcanzado no es suficiente para confiar otros aspectos que nos incomodan. Como normal general, la ausencia de discusión es más habitual en etapas iniciales del ciclo de la pareja donde aún no se ha logrado intimidad emocional o no nos conocemos en profundidad como para poder expresar los aspectos que nos diferencian o molestan de nuestra pareja.
Si lo intentamos pero no sabemos cómo gestionar nuestras discusiones, podemos pedir ayuda profesional.
El motor que da continuidad a una relación será una base de comunicación efectiva, y esto podemos trabajarlo en equipo en estas sesiones.
La terapia de pareja puede ser un espacio de apoyo y de reencuentro, donde aprender nuevas herramientas de gestión emocional que nos permitan a su vez acercarnos y comunicarnos mejor.
También podemos explorar más a fondo otros aspectos de la historia de pareja, los estilos de apego, y analizar la naturaleza de los conflictos para proponer nuevos enfoques y ampliar miradas.
Además, se pueden aprender habilidades sociales que nos ayuden a poner límites de una manera más constructiva evitando los ataques explosivos de ira o tristeza. La reparación de una discusión siempre es necesaria para restablecer el clima de confianza y más cuando nuestra pareja se haya podido sentir herida en una discusión más confrontativa donde nos hemos desbordado emocionalmente.
Podríamos decir que el vínculo de pareja es como una planta delicada que cada día necesita un poco de atención y cuidado y las discusiones las hojas secas que tenemos que limpiar conjuntamente para mantener sus raíces sanas.
